El paso del tiempo y nuestros hábitos de vida van dejando huella en nuestra piel, sobre todo en aquellas zonas expuestas de forma crónica al sol, que son también las zonas que más se ven, y en las cuales podemos apreciar la formación de manchas, flacidez y arrugas.

Afortunadamente existen técnicas que ayudan a recuperar el aspecto jóven de nuestra piel, sobre todo en zonas muy sensibles como lo es el rostro.

BÓTOX, EL TRATAMIENTO REJUVENECEDOR MÁS DEMANDADO HOY

Sin lugar a dudas, el tratamiento más demandado es la inyección de toxina botulínica, que es el principio activo del fármaco conocido como bótox. Su rápida aplicación, accesibilidad  y resultados lo convierten en el principal método para rejuvenecer, sin cirugía.

No existen contraindicaciones al tratamiento con toxina botulínica, salvo aquellos pacientes con problemas en la conducción nerviosa, pacientes embarazadas o en fase de lactancia, por falta de estudios que evalúen su seguridad. Asimismo, este tratamiento puede ser aplicado tanto a hombres como mujeres que desean atenuar esas arrugas marcadas por el paso del tiempo.

¿CÓMO ACTÚA EL BÓTOX PARA REJUVENECER LA PIEL?

La toxina botulínica infiltrada en el músculo consigue modular su capacidad de contraerse, corrigiendo aquellos que se han ido fortaleciendo a través del paso del tiempo con nuestros gestos, induciendo a la formación de arrugas. Ejemplo de esto pueden ser las arrugas que aparecen de tanto fruncir el ceño, dando un aspecto de enfado.

Uno de los beneficios de la toxina botulínica es que deja una piel más tersa sin necesidad de alterar la expresión facial, manteniendo el aspecto natural de la piel.

Además, otros efectos muy valorados por nuestros pacientes son la disminución de la forma de los poros, disminución de la sudoración y la mejora de las zonas rojas, por la acción sobre la musculatura que rodea las glándulas y los vasos sanguíneos. 

Las zonas del rostro que más se pueden beneficiar por la toxina botulínica son las arrugas del entrecejo, las líneas horizontales de la frente y las populares patas de gallo, que aparecen alrededor de los ojos. 

DURACIÓN DEL EFECTO DEL BÓTOX

Los efectos de la toxina botulínica suelen comenzar unos cuatro días después de la colocación, visualizando el efecto máximo a las dos semanas, Asimismo, la duración promedio del bótox es de seis meses, aunque puede variar entre cuatro y ocho meses. Habitualmente se requieren dos sesiones al año, dependiendo de cada caso y del resultado que busque el paciente.

En ocasiones, y en función de las necesidades del paciente, se combina el tratamiento de bótox con la infiltración de materiales de relleno, especialmente de ácido hialurónico.

 

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